Ceremonia y Proyección de Clausura 2014

Ceremonia de Clausura

En un ambiente distendido, tras los homenajes a Lone Fleming y Eugenio Martín, y la entrega de los Místicos de las distintas disciplinas junto a los galardones otorgados por la Fundación Lumière, se oyeron las palabras de clausura del alcalde de Algeciras José Ignacio Landaluce, acompañado en la mesa por Marina Gutiérrez Peinado, vicerrectora de Proyección Internacio­nal y Cultural, y por un servidor de ustedes, Ángel Gómez Rivero, director de Algeciras Fantástika.

Ceremonia de Clausura
José Ignacio Landaluce da por concluida Algeciras Fantástika 2014
Ceremonia de Clausura
Marcos Cabotá fue uno de los grandes aclamados en la velada de clausura
Ceremonia de Clausura
Juan Luis Helguera, Alejandro Andrades y José Peña recibieron en la copa de despedida sendos Místicos por su colaboración con Algeciras Fantástika

Con la felicidad pintada en el rostro de los distintos ganadores, nuestro alcalde se mostró satisfecho por los resultados obtenidos en este evento cul­tural multicisciplinar. Entre los detalles cruciales de su discurso, destaca el comentario de que «no existe peor gestión que la que no se lleva a cabo». Porque José Ignacio prometió en su día apoyar a Algeciras Fantástika en cuanto tomara posesión de su cargo, y demostró que la palabra prometida se convirtió en palabra cumplida, retomada asimismo de manera ejemplar por Pilar Pintor, siempre solícita y participativa.

Así que, dados los resultados de esta última edición, la mejor a pesar de la austeridad de los presupuestos, es de prever que Algeciras Fantástika continúe su andadura para seguir ofreciendo el arte fantástico a los intere­sados, tanto en materia de cine, que es el plato fuerte, como de literatura, ilustración, escultura o fotografía. Por tan cálido apoyo, y en nombre de mi equipo, muestro el más sincero agradecimiento.

Proyección de Clausura: Pánico en el Transiberiano

Pánico en el Transiberiano
Cartel de la película

Eugenio Martín consiguió el logro de realizar un filme en nuestro país contando con la participación de Christopher Lee y Peter Cushing, las dos estrellas internacionales del cine británico de horror de todos los tiempos. El proyecto se tituló Pánico en el Transiberiano (1972) y fue coproducido con Reino Unido, contando con un guión de Arnaud D’Usseau y Eugenio Martín, mezcla de ciencia ficción de los cincuenta y terror clásico, de atmósfera densa y claustrofóbica. Marcaría época, siendo considerado como uno de los títulos de mayor transcendencia de nuestro fantaterror, hasta el punto de ser confundido con una producción Hammer.

La trama se inicia en 1906, cuando el profesor Saxton —Christopher Lee— descubre el fósil congelado de un antropoide con más de dos mil años, ubicado en una cueva de la provincia china de Szechuan —que no es otra que la madrileña sierra de Navacerrada—. Trasladado a Pekín, embarca en el Transiberiano para viajar hasta Europa, con Inglaterra como destino final. En la estación, un ladrón muere al intentar robar el cajón del antropólogo, quedando con los ojos en blanco. Saxton coincide en el itinerario con el doctor Wells —Peter Cushing— y una serie de personajes exóticos e intrigantes, donde destaca un monje fanático con pinta de Rasputín.

Horror Express
Horror Express, título internacional de Pánico en el transiberiano

Encerrado, el ser despierta de su letargo e hipnotiza a un vigilante de la compañía, quedando sus ojos en blanco, suceso que alarma a los científicos y al policía que viaja con ellos, que desean saber la verdad de los hechos. La situación se agrava cuando descubren que el milenario ente es sólo el soporte carnal en el que se albergara, en la prehistoria, una entidad extraterrestre con el poder de transmigrar de un cuerpo a otro. La intriga pone de manifiesto que interesa más el quién que el qué. A las víctimas se les absorbe la mente a través de los ojos, para acumular experiencias y sabiduría, dejando los cerebros lisos. Los dos antropólogos se alían en su contienda contra el mal, pero se complica la situación con la llegada de un grupo de cosacos violentos, capitaneados por Kazan —Telly Savalas—, que detiene el tren a la fuerza, para terminar éste sometido al poder del extraterrestre. Tras una serie de incidencias terroríficas, y con el suspense añadido de la identidad oculta, el tren descarrila de forma premeditada por un precipicio, con los personajes supervivientes atrincherados en el último vagón, desenganchado in extremis.

Resulta tan ingenua como fascinante la secuencia en la que los científicos analizan al microscopio el fluido de uno de los ojos de la criatura. Ahí, en esas acuosas imágenes de dinosaurios y de la Tierra captada desde el espacio, se revela la llegada del extraterrestre a nuestro planeta. La fotografía de Alejandro Ulloa, a su altura habitual, presenta un colorido pródigo, con nocturnos de gran relieve, muy en la línea Hammer. Colores que nacen de los decorados de Ramiro Gómez que, al igual que hiciera con La Residencia, recrea un entorno decimonónico elegante, pomposo y de regusto gótico. Es la fuerza icónica otro de los elementos por el que se relaciona el filme con los títulos de la Hammer. Se perdonan las maquetas evidentes y algunos efectos especiales artesanales, a cambio de una trama tan emocionante y una atmósfera así de opresiva.

Pánico en el Transiberiano
Peter Cushing y Cristopher en esta ocasión son aliados en lugar de antagonistas
Pánico en el Transiberiano
Una de las muchas secuencias terroríficas de Pánico en el Transiberiano
Pánico en el Transiberiano
Cushing, Lee y Silvia Tortosa

En esta película, las víctimas del alienígena devienen en muertos vivientes, cadáveres con los ojos en blanco y ensangrentados que retornan como siervos de la mente que los gobierna, lo que intensifica el horror de los supervivientes. Es una de las secuencias de mayor impacto del filme, en la oscuridad obligada tras un corte del gas, en un reducto sin salida y ante el horror que avanza sin titubear. El realizador comentó que el uso de las lentillas blancas consiguió que los actores evolucionaran en el set completamente ciegos, con los consecuentes golpes contra puertas y paredes. La música de John Cacavas se sustenta en una melodía silbada a la manera de Ennio Morricone, dulce pero estremecedora, que da paso a la versión orquestada.

Entre las muchas anécdotas de rodaje, el tren usado fue el que se construyera para la superproducción británica Nicolás y Alejandra (1971), y volvería a ser usado en El desafío de Pancho Villa (1972) por el propio Eugenio Martín. Con respecto al reparto, en el que se contó, además de con Lee y Cushing, con un extenso plantel de actores: Alberto de Mendoza, Silvia Tortosa, Helga Liné, el omnipresente Víctor Israel, el especialista Brandy, etc. Cushing rechazó la oferta en principio debido al reciente fallecimiento de su esposa, y, dada la insistencia de Lee, deseoso de volver a formar dueto con él, terminó aceptando. Lee, bigotudo y circunspecto, se muestra antipático en su papel, frente a un más afable Cushing; ambos como hilo conductor de la inquietante y misteriosa trama. Dos científicos ellos enfrentados a un horror desconocido que no pierden jamás su flema, ante la ordinariez de un Telly Savalas cosaco y grosero, pero divertido.

En un momento del rodaje, Cushing estaba tan nervioso por la actitud de Lee, que no dejaba de canturrear, que equivocó el diálogo. Respecto a una acusación a ambos por parte del policía, sobre el hecho de que el monstruo podría ser cualquiera de ellos dos, contestó: «¿El monstruo? Imposible, somos ingleses». En su lugar dijo: «¿Ingleses? Imposible, somos monstruos», por lo que tuvo que enmendar entre risas. Aunque el bueno de Eugenio me confesó no recordar tal desaguisado.

Ángel Gómez Rivero, Director del Certamen