Homenajes a Lone Fleming y Eugenio Martín

Lone Fleming, inolvidable Reina del Grito

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Cartel Homenaje

Lone Faerch, de nombre artístico Lone Fleming, nace en la ciudad de Aar­hus, Dinamarca, el 5 de septiembre de 1945, aunque reside en Madrid desde la década de los setenta. Esposa del realizador Eugenio Martín desde 1988, es en la década de los setenta cuando se produce su integración en el cine fantástico, más concretamente en el fantaterror español, tras darse a conocer en el mundo de la pintura con diversas exposiciones.

En el año 1972, tras aparecer en varias producciones con papeles figu­rantes y menores, donde destaca la intrigante La última señora Anderson, de Eugenio Martín, protagoniza La noche del terror ciego, de Amando de Ossorio, una de sus películas más famosas, donde encarna a Betty Turner. Un personaje este inmerso en el delirante universo de los monjes templarios resucitados, inspirados a su vez en dos leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer: El miserere y El monte de las ánimas. Esta aventura significaría mucho para Lone, dado el éxito comercial del filme. Era la gran eclosión del cine de terror en nuestro país, y ella se convertía así en una de las grandes reinas del grito. Su belleza y, sobre todo, la expresividad de sus enormes y metafísicos ojos, fueron ingredientes esenciales para que volviera a funcionar, una vez más, la fórmula de la bella y la bestia. Es muy difícil olvidar ese plano en que su personaje, dominado por el horror de los pútridos y ciegos engendros, es traicionado por los latidos de su corazón.

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El público disfrutó con el montaje resumen de la obra de Lone Fleming

A partir de esta composición, Lone comienza a ser considerada por los productores nacionales, siendo elegida para protagonizar títulos pertenecien­tes a géneros dispares: El desafío de Pancho Villa, El vikingo, Sexy Cat, Lo verde empieza en los Pirineos, El amor empieza a medianoche, etc.

Sin olvidar el género que más nos interesa, en 1973, y de nuevo condu­cida por el amigo Ossorio, participa en El ataque de los muertos sin ojos, segunda propuesta de la saga de los Templarios resucitados. A pesar de que su papel es ahora más discreto, protagoniza Lone los momentos más dramáti­cos del desenlace, aunque con un rol de mujer menos moderna y sexy y más aburguesada.

Otros títulos suyos del género son Una vela para el diablo (1973), del propio Eugenio Martín, donde interpreta a una turista despreocupada que sufre el horror homicida de Aurora Bautista y Esperanza Roy; Mal de ojo (1975), del realizador italiano Mario Siciliano; La endemoniada (1975), de Amando de Ossorio, siguiendo la estela marcada por el filme de William Friedkin; Viaje al centro de la Tierra (1977), de Juan Piquer Simón, etc. Pero Lone Fleming es recordada, esencialmente, por ser icono inmortal de un uni­verso muy especial: el de los monjes Templarios retornados de sus tumbas para sembrar el horror.

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José Ignacio Landaluce entrega el Místico de Honor a Lone Fleming

En la actualidad, Lone está implicada en diversos rodajes. Destaca el cor­tometraje de David García Sariñena, en fase de realización, El último guión. Obra que significa una mirada al entorno de los Templarios, con el total pro­tagonismo de la actriz, para mayor disfrute de sus muchos admiradores, entre los que me cuento.

Entrevista

Lone, ¿cómo te iniciaste en la interpretación?

En mi periodo escolar hice mucho teatro. Más tarde estudié arte dramático con un profesor estadounidense; en Copenhague cursé un año de interpretación. La verdad es que siempre quise ser enfermera o actriz. Lo de enfermera no pudo ser, ya que soy un desastre completo con las matemáticas. Jajaja.

¿Por qué te eligieron para el papel principal de La noche del terror ciego?

Me lo encargó mi representante. Creo que Amando de Ossorio me vio en otra película y me concedió el papel de protagonista. La verdad es que fue una gran suerte para mí.

¿Qué recuerdos tienes de Amando de Ossorio?

Lo que más me fascinaba de Amando era su gran imaginación, su fantasía. Recuerdo que por la mañana bajaba con sus dibujos, los storyboards. Con la ayuda de ellos, nos explicaba cómo quería rodar las secuencias. A mí eso me motivaba mucho. Empleaba una enorme dedicación a los templarios, sus criaturas. Era un buen amigo y, durante un tiempo después de realizar La noche del terror ciego y El ataque de los muertos sin ojos, nos veíamos para tomar café y charlar. Luego la vida nos llevó por caminos diferentes. Siempre lo recuerdo con cariño.

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La Reina del Grito
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Con los temidos Templarios …
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En uno de sus últimos rodajes (Wax, de Victor Matellano)

¿Qué es lo que más te atrae del cine de terror?

Lo que más me atrae de las películas de terror es hacerlas, interpretarlas, ya que es muy divertido. Antes me daban miedo este tipo de películas, pero hoy día también me divierten como espectadora. Además, valoro mucho el buen cine de terror.

¿Te importa que te asocien con el cine de terror?

¡No! ¡En absoluto! Al contrario, ya que es lo que más fama me ha proporcionado. Además de eso, he sido muy afortunada por interpretar toda clase de papeles, contando con el inconveniente de ser extranjera.

Fuiste reina del grito, sobre todo en el universo terrorífico de los monjes templarios. ¿Te hubiera gustado haber interpretado algún papel de índole te¬rrorífica o sobrenatural?

Ya lo creo que sí tuve que gritar y que me gustaría ese tipo de papeles. Después de mucho tiempo de parón, retorné al largometraje con La mujer que hablaba con los muertos, de César del Álamo. En esa ocasión, César escribió el papel expresamente para mí, a pesar de haberle negado mi colaboración en una película anterior. Luego he trabajado en películas del género con Victor Matellano en Wax y Vampyres.

¿Tienes alguna anécdota que contarnos de tus películas con los templarios?

¿Anécdotas? Pues ya lo creo que sí. Pero más que de los muertos vivientes, siempre me acuerdo de la secuencia lésbica de La noche del terror ciego. Jajaja. Amando nos dijo a María Elena Arpón y a mí que él no sabía cómo filmar la secuencia, ya que nunca había tocado el tema. Yo le contesté que tampoco sabía, que era una situación nueva para mí, pero que si nos traía una botella de vino, algo bonito sacaríamos. Y se fueron rápido a comprar el vino. Bebimos la botella entera y creo que salió una secuencia muy bella.

¿Es más fácil o más difícil que te dirija tu propio marido?

Ni más fácil ni más difícil. Ni lo pienso siquiera. Para mí el director es el director, el jefe, y me olvido de si es un amigo o mi propio marido. Sólo estoy muy pendiente de lo que quiere cuando me dirigen.

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Lone Fleming se mostró agradecida y emocionada en todo momento
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Lone confesó al público sus proyectos cinematográficos inmediatos

¿Consideras que tus admiradores te mimamos demasiado?

¡Por Dios! ¡No! Al contrario, me encanta. Gracias a todos vosotros y al gran cariño que me ofrecéis me siento ilusionada. Puedo decir que vuestras atenciones son el mejor regalo que he tenido a estas alturas de mi vida.

Háblanos de tus próximos proyectos

Tengo pendiente rodar otra película con César del Álamo: El renacido. También estamos trabajando en un cortometraje de título El último guión, de David García Sariñena, que rodaremos en el mes de mayo. Por otro lado, tengo proyectos futuros comunes con Víctor Matellano. Hay otro corto más en el que colaboro con el argumento y el guión, que será dirigido por Luis Esquinas; además de otros dos cortometrajes en proyecto. A ver si un día consigo ser lo suficientemente valiente para pasarme a la puesta en escena, aunque me da mucho respeto.

Artículo y entrevista por Ángel Gómez Rivero (2014)

Filmografía

  • 1970. Pierna creciente, falda menguante, de Javier Aguirre
  • 1971. Blanca por fuera y Rosa por dentro, de Pedro Lazaga
  • 1971. La última señora Anderson, de Eugenio Martín
  • 1971. El hombre de Río Malo, de Eugenio Martín
  • 1971. Nada menos que todo un hombre, de Rafael Gil
  • 1972. La noche del terror ciego, de Amando de Ossorio
  • 1972. El desafío de Pancho Villa, de Eugenio Martín
  • 1972. El vikingo, de Pedro Lazaga
  • 1973. Una vela para el diablo, de Eugenio Martín
  • 1973. Sexy Cat, de Julio Pérez Tabernero
  • 1973. Lo verde empieza en los Pirineos, de Vicente Escrivá
  • 1973. El ataque de los muertos sin ojos, de Amando de Ossorio
  • 1974. El amor empieza a medianoche, de Pedro Lazaga
  • 1974. Los nuevos españoles, de Roberto Bodegas
  • 1975. Mal de ojo, de Mario Siciliano
  • 1975. La endemoniada, de Amando de Ossorio
  • 1975. Una abuelita de antes de la guerra, de Vicente Escrivá
  • 1975. El valle de las viudas, de Volker Vogeler
  • 1975. Vida íntima de un seductor cínico, de Javier Aguirre
  • 1975. No quiero perder la honra, de Eugenio Martín
  • 1975. El paranoico, de Francisco Ariza
  • 1976. Mayra, la venus negra, de Osvaldo Civirani
  • 1976. Ligeramente viudas, de Javier Aguirre
  • 1976. Call Girl: La vida privada de una señorita bien, de Eugenio Martín
  • 1977. Viaje al centro de la Tierra, de Juan Piquer Simón/li>
  • 1977. Tengamos la guerra en paz, de Eugenio Martín
  • 1978. El último guateque, de Juan José Porto
  • 1978. La ciudad maldita, de Juan Bosch
  • 1978. El juglar y la reina (serie televisiva)
  • 1983. Black Venus, de Claude Mulot
  • 1983. Jugando con la muerte II, de José Antonio de la Loma
  • 1984. El último kamikaze, de Jacinto Molina
  • 1984. Guerra sucia, de Juan Piquer Simón
  • 2014. La cañada de los ingleses (corto), de Víctor Matellano.
  • 2014. La mujer que hablaba con los muertos, de César del Álamo
  • 2014. Wax, de Víctor Matellano
  • 2015. Nasciturus: El que va a nacer, de Barreto, Guillén y Luengo
  • 2015. Høsten (corto), de Martin Sonntag y Kim Sønderholm
  • 2015. Vampyres, de Víctor Matellano.
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El ataque de los muertos sin ojos (1973)
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La Noche del Terror Ciego (1972)

Eugenio Martín, un Clásico del Fantaterror

Eugenio Martín
Cartel Homenaje

Eugenio Martín nace en Ceuta el 15 de mayo de 1925. Casado con la actriz Lone Fleming en segundas nupcias en 1988, queda vinculado al mundo del cine como guionista y realizador entre otros menesteres. Comienza como autor de cortometrajes documentales y, en 1961, se inicia en el género de misterio y terror con Hipnosis, filme producido a la manera de coproducción, donde ya se aprecia el talento natural suyo hacia tramas complejas y misteriosas. Todo un precedente del horror cinematográfico que habría de llegar años después a nuestro país, sobre todo en la década de los setenta. En dicho género de misterio, en el que se siente muy cómodo, reincidiría en 1971 con una trama policíaca que llevó como título La última señora Anderson.

Eugenio Martín
Eugenio Martín recibe el Místico de Honor por su destacada carrera

A pesar de ser conocido como realizador interesado en todo tipo de géneros, dejó su impronta profesional en películas como La vida sigue igual (1969), El hombre de Río Malo (1971), El desafío de Pancho Villa (1972) o La chica del Molino Rojo, recurriendo a su nombre internacional Gene Martin, traducción del suyo, por imperativos comerciales.

Dentro del cine fantástico y de terror realizó Una vela para el diablo (1973), densa trama de terror de la España profunda, de pueblos apartados, cargada de tensión y con gran dominio de la dirección de actores; así como Aquella casa en las afueras (1980), donde la acción y el suspense nacían del controvertido tema del aborto y sus consecuencias perturbadoras. Sobrenatural (1983), por su parte, aborda el tema de la pervivencia espectral en un ambiente de maltrato familiar.

Eugenio Martín es el único realizador español que tuvo el honor de dirigir a los dos grandes monstruos británicos del género: Christopher Lee y Peter Cushing, para el filme Pánico en el Transiberiano (1972), que significaría mucho en su carrera y en su popularidad. En una época en que el cine de terror quedaba representado por la figura de Paul Naschy, sería Eugenio Martín, junto a Narciso Ibáñez Serrador, Jordi Grau y Amando de Ossorio, quien mejor legado cinematográfico dejara. Con planos sorprendentes, travellings medidos y un gran sentido de la composición, Eugenio nos presenta una de las diez mejores películas de terror españolas de todos los tiempos. Confundida por muchos cinéfilos jóvenes como un filme Hammer, dada su calidad, esta insigne aportación suya se convertiría en película de culto. Con trama a medio camino entre la ciencia ficción y el terror, con gran nervio en la puesta en escena, queda como una obra en verdad difícil de olvidar dada la magia de sus imágenes.

Eugenio Martín
Eugenio Martín nos habló de cine y se mostró muy agradecido

Referirse a Eugenio Martín es hablar de un hombre íntegro, modesto, poco dado a grandes alardes sociales, gustando permanecer a menudo en las sombras. Somos sus seguidores incondicionales los obligados a reconocer la gran verdad: el fantaterror español no habría sido igual sin su gran aportación; ni tampoco la historia del cine español.

Filmografía

  • 1955. Viaje romántico a Granada (corto documental)
  • 1956. Romance de una batalla (corto documental)
  • 1956. Adiós, Rosita (corto)
  • 1961. Los corsarios del Caribe
  • 1961. Despedida de soltero
  • 1962. Hipnosis
  • 1962. Sacromonte (corto documental)
  • 1962. Detrás de la muralla (corto documental)
  • 1964. Duelo en el Amazonas
  • 1965. El hombre de Toledo
  • 1967. El precio de un hombre
  • 1968. Réquiem para el gringo
  • 1969. La vida sigue igual
  • 1969. Las leandras
  • 1970. Una señora estupenda
  • 1971. La última señora Anderson
  • 1971. El hombre de Río Malo
  • 1972. Pánico en el Transiberiano
  • 1972. El desafío de Pancho Villa
  • 1973. Una vela para el diablo
  • 1973. La chica del Molino Rojo
  • 1975. No quiero perder la honra
  • 1976. Esclava te doy
  • 1976. Call Girl: La vida privada de una señorita bien
  • 1977. Tengamos la guerra en paz
  • 1980. Aquella casa en las afueras
  • 1982. Juanita la Larga (telefilme)
  • 1983. Sobrenatural
  • 1987. Vísperas (serie televisiva)
  • 1996. La sal de la vida

Entrevista

Hipnosis es tu primera aportación al cine de suspense y terror. ¿Cómo te propusieron la dirección de esta película?

Yo no consideraría Hipnosis como un filme de terror. Al menos cuando lo hice lo veía como una especie de thriller fantástico. Nadie me contrató. Moreno Burgos me propuso la idea de una historia en unas páginas. La escribimos y la ofrecí a la productora Procusa, donde buscaban este tipo de historias. La aceptaron enseguida.

Estás considerado uno de los grandes maestros del fantaterror español. ¿Qué opinas de la eclosión del cine de terror en la España de los setenta?

Una de las razones para esta eclosión fue la situación política de España. No se podía hacer un cine que reflejase la realidad de nuestro país, y el cine sainetesco que se rodaba aquí era flojo y no se vendía fuera. Internacionalmente, nuestra censura solo nos permitía sin problemas el terror o el western. Como en España no teníamos tradición literaria del primero, la mayor parte de lo que se hizo fue mimético.

¿Con qué películas de tu filmografía quedaste más satisfecho?

Satisfecho nunca se queda uno. Pero por responder a tu pregunta digamos que las que quizá conservan algo de atractivo pueden ser el corto Viaje romántico a Granada, Hipnosis, El precio de un hombre, Pánico en el transiberiano, Una vela para el diablo, Tengamos la guerra en paz, No quiero perder la honra, y las series Juanita la Larga y Vísperas.

Eugenio Martín
Eugenio Martín junto al entrañable actor Víctor Israel
Eugenio Martín
Eugenio aprovechó la estancia para viajar a Ceuta, su ciudad natal
Eugenio Martín
Eugenio se mostró muy cercano con todos sus muchos admiradores

¿Pánico en el transiberiano te cambió la vida?

No. Su estreno en Madrid fue flojo. Estábamos a punto de que se acabara Franco, y hacer este tipo de cine en aquel momento no interesaba a la crítica. Para mí fue solo una película más, aunque sin duda tuve la sensación de que era una buena y novelesca historia.

¿Qué tal la experiencia de dirigir a dos monstruos como Christopher Lee y Peter Cushing? Fuiste envidiado.

Yo ya había dirigido a actores de cierta talla, como James Mason, la Lollobrígida, Telly Savalas, etc., en papeles más flojos que los de Pánico en el transiberiano, por lo que sabía defenderme. La combinación Peter Cushing y Christopher Lee era excitante para un aficionado a este género. Yo en aquel momento no lo era, y sin embargo me pareció una pareja perfecta y eficaz para una historia fantástica de aquel estilo. Lo que nunca imaginé fue que iba a convertirse en una película tan «única».

¿Hay algo de lo que te arrepientes como realizador?

Sí, claro. ¿Quién no ha cometido errores? Cuando miro hacia atrás me salen enanos por todas partes. Enfocar mal una historia o una escena es algo que tienes que hacer para aprender luego algún acierto. Sin embargo, hablo de errores estéticos. En cambio, estoy cien por cien seguro de una cosa: nunca olvidé ni traicioné mi trozo más decente de dignidad.

¿Con qué actores o realizadores nacionales guardaste más afinidad, amistad o admiración?

Han sido tantos. Piensa que he rodado veintitantas películas largas y dos series que equivalen a otras seis o siete películas más. Si debo mencionar a alguno, y desde un punto de vista de la emoción sentida ante su creatividad, te hablaría de El Brujo, con el que hice la serie Vísperas cuando él empezaba, y al Erice de El sur. En cuanto a afinidad con otros realizadores, lo pienso y, para bien o para mal, no me veo parecido a ninguno. Naturalmente que no hablo de categorías. Simplemente repito que, para bien o para mal, todos caminamos por senderos diferentes.

¿Tienes algunas anécdotas interesantes o simpáticas de los rodajes de tus películas de misterio y terror?

Ya sé que ésa es la sal y la pimienta de una entrevista. Lo siento, Ángel, pero cuando miro hacia atrás no veo el relieve necesario para que algo me parezca suficientemente anecdótico. Sin embargo, me acuerdo con agrado de Una señora estupenda, que era del tipo de películas que Bardem catalogaba de alimenticias, interpretada por Lola Flores, y en la que ella fue premiada como la mejor actriz del año, equivalente al Goya. Pues bien, Lola me sugirió que trajera un pequeño grupo de gitanos de Cádiz amigos suyos, para unirse a unos bailes. Entre ellos venía un viejecillo mariquita de una humildad y de una gracia fabulosas. Cada vez que bailaba o hablaba, tímidamente, como la persona que no quiere hacer nunca daño a nadie, sino añadirle dulzura y gracia a la vida, se creaba una especie de estado de encanto que a todos nos ganaba. No puedo recordar su nombre, pero aquello sí que lo recuerdo como una anécdota inolvidable y valiosa.

Eugenio Martín
HIpnosis (1962)
Eugenio Martín
Una vela para el diablo (1973)
Eugenio Martín
Eugenio en un rodaje

¿Hubo algún proyecto que se quedó en el tintero?

Muchos. Muchísimos. Y algunos poseen aún tanto atractivo como cuando los quise plantear. Pero en cine poner en pie un proyecto exige años de trabajo. Y vivimos demasiado poco. Como decía Chaplin, apenas si nos da tiempo para ser aprendices.

¿Qué sientes cuando ves hoy día tus películas?

Nunca tuve tiempo de verlas, porque sólo podía pensar en el futuro, nunca en el pasado. Pero últimamente, al cabo de muchos años, he tenido que visionar algunas por necesidad. Y, sinceramente, si te olvidas de los defectos innumerables que se aprecian, volví a encontrar en ellas algunos momentos de emoción, o de gracia, o miedo, o intriga; de todo ese mundo fantástico que se mantiene oculto en la oscuridad de cualquier cine.

Artículo y entrevista por Ángel Gómez Rivero (2014)